Los alimentos funcionales son aquellos para los que se ha demostrado de manera satisfactoria que poseen un efecto beneficioso sobre la salud, más allá de los efectos nutricionales habituales, siendo esto relevante para la mejoría de la salud y el bienestar y/o la reducción del riesgo de enfermar.

El alimento funcional debe ser reconocido como tal sobre una base científica sólida y se basa en estudios epidemiológicos y experimentales evaluados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). No tiene por que resultar funcionales para todos los posibles consumidores, dada la interacción individual que existe entre dieta y genes.

Un alimento funcional puede ser un alimento natural al que se le añade o se le quita un componente mediante métodos tecnológicos o biológicos. Por tanto la manera de producir un alimento funcional sería:

Los componentes alimentarios que confieren funcionalidad al alimento pueden dividirse en cinco categorías: probióticos, prebióticos y simbióticos, nutrientes y no nutrientes, que incluyen los compuestos bioactivos.

Prebióticos: El término prebiótico incluye a aquellos ingredientes no digeribles de los alimentos que afectan beneficiosamente al hospedador por una estimulación selectiva del crecimiento o por la actividad de una bacteria o limitado grupo de bacterias en el colon. Los prebióticos son generalmente hidratos de carbono de cadena corta, que pueden ser fermentados a lo largo del tracto gastrointestinal y estimular el crecimiento de bifidobacterias u otras bacterias potencialmente beneficiosas.

Los prebióticos más utilizados en alimentación y cuyos efectos son más conocidos son: fructo-oligosacáridos (FOS), inulina, galacto-oligosacáridos (GOS), lactulosa y oligosacáridos de la leche materna (OLM).

Probióticos: El término probiótico define a aquellos microorganismos vivos que cuando son suministrados en cantidades adecuadas promueven beneficios en la salud del organismo hospedador. Se utilizan en alimentos, especialmente en productos lácteos fermentados, pero también en preparaciones farmacéuticas. El desarrollo de nuevas cepas de probióticos está encaminado a la obtención de organismos beneficiosos más activos.

Los principales probióticos utilizados para consumo humano son cepas bacterianas de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, que han sido tradicionalmente utilizadas en diversas fermentaciones alimentarias y, en menor número de casos, identificadas como comensales del tracto gastrointestinal

Simbióticos: Los simbióticos son mezclas de prebióticos y probióticos. Los efectos de esta combinación pueden ser acumulables o incluso sinérgicos. Se ha optado por el término “simbióticos”, y no “simbióticos”, porque hace referencia a la mezcla de probióticos y prebióticos con efectos sinérgicos; no hace referencia a efectos derivados de la simbiosis de microorganismos.

Nutrientes: Los nutrientes no sólo son necesarios para evitar caer en la desnutrición y/o en una enfermedad carencial, sino que una ingesta algo superior de algunos de ellos podría ejercer un efecto preventivo sobre algunos factores de riesgo de enfermedades crónico-degenerativas.

Entre los nutrientes con propiedades funcionales se incluyen: las vitaminas y minerales; los péptidos funcionales, con diversas actividades, como antihipertensora, antitrombótica, opioide, hipocolesterolémica, inmunomoduladora, antimicrobiana, antioxidantes y transportadora de vitaminas y minerales; y los lípidos funcionales, como el ácido linoleico conjugado (CLA) (con efecto sobre la grasa corporal) y los ácidos grasos ω-3, especialmente el ácido eicosapentanoico (EPA) y el docosahexanoico (DHA) (con efecto protector a nivel cardiovascular, al reducir triglicéridos y colesterol).

No nutrientes: Existen componentes orgánicos adicionales contenidos en los alimentos que ejercen en el sentido estricto una funcionalidad sobre el organismo: los compuestos bioactivos. Los compuestos bioactivos pueden ser de origen vegetal (principalmente), y entonces pueden recibir también el nombre de fitoquímicos (como los polifenoles, carotenoides, fitoesteroles y glucosinolatos), o proceder de alimentos de origen animal, hongos y bacterias.

Sin ser necesaria su ingesta, la investigación científica ha demostrado un efecto preventivo sobre múltiples enfermedades crónico-degenerativas. Esto es debido, sobre todo, al efecto antioxidante de todos ellos. Si la dieta no aporta estos bioactivos, no se desarrollarán síntomas carenciales, como ocurre en el caso de vitaminas y minerales. Por otra parte, dentro de esta categoría de ingredientes funcionales de tipo “no nutriente” podríamos incluir la fibra alimentaria, que mejora el tránsito intestinal y protege frente al cáncer de colon.

 

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